sábado, 17 de mayo de 2014

Libros al margen.



Voy a hacerles una pequeña confesión. Desde niño, nunca he logrado gastarme en una librería el dinero que tenía asignado. Siembre acabo haciendo compras compulsivas. Reconozco ese defecto pero cuando un amigo me invitó a la a V Feria del Libro Independiente asumí que sería diferente. En realidad no iba a comprar libros sino a conocer editoriales. Así que entré en la librería Rosario Castellanos con la firme intención de no comprar más que un poemario que ya tenía visto.



Mientras paseaba por los estantes de libros tan parecidos a los de la otra parte, los de la librería del Fondo de Cultura Económica (FCE), me preguntaba: ¿qué significa ser independiente?



Toda empresa cultural que empieza se llama a sí misma independiente; sin embargo, la independencia es mucho más que no tener medios para acceder a los canales masivos. Ser independiente es tener los reaños de hacer lo que uno quiere, es decir, de trabajar con la libertad de no tener padrino que te exija. La independencia es dura: requiere de mucha valentía y la necedad suficiente para apostar por uno mismo. Las empresas culturales independientes, además, tienen la función de dar cabida a lo políticamente incorrecto, a lo que se sale de la comodidad, de lo establecido; de dar voz a autores no consagrados; de mostrar la contra cultura. Dentro de esta industria en los márgenes debo admitir que tengo especial predilección por las editoriales. 




La razón es simple: los libros. Las editoriales, además de conseguir todo lo anterior, fabrican libros; no libros en masa impresos en china por operarios que no entienden ni los títulos de lo que imprimen. No. Las editoriales independientes publican 200 fetiches mimados al extremo. Las independientes se atreven con formatos alternos, materiales diversos y con temas realmente interesante. Díganme fetichista. Pero estos veo estos libros como pequeños tesoros, ediciones únicas.


Por suerte para mí en México, las editoriales independientes se cuentan por cientos. Y para ejemplo un botón: Amarillo Editores, una de las veteranas, lleva 10 años haciendo lo que quiere. Nunca ha pedido ni recibido ninguna beca o ayuda gubernamental. No está al servicio de empresas y fondos. No depende más que de la calidad de las obras publicadas. En este par de lustros atesora más de 180 libros y más de 200 autores publicados. Amarillo editores publica junto con sus escritores y distribuye en las principales puntos de venta de libros. Todo un logro para una independiente.   




Por supuesto cuando salí de la librería, cargaba una bolsa de libros que no pensaba comprar. Pero debo confesarles otra cosa: me importa un comino. 



La feria estará abierta del 8 al 28 de mayo en el Centro Cultural Bella Época. Allí encontraremos 80 editoriales independientes (80 por los años del FCE) mostrando sus publicaciones.

martes, 13 de mayo de 2014

Diálogo con los fantasmas.




Las casas abandonadas siempre me provocan un escalofriante repeluco. Yo no creo en los fantasmas. Nunca he creído. No creo que nadie se moleste en volver del otro lado para hacer ruidos en los armarios o caminar en los desvanes. Pero tengo una imaginación muy productiva y nada la excita más que una casa abandonada. Supongo que no soy el único. La gente de White Spider Project debieron pensar lo mismo cuando se propusieron hacer Memorias Flotantes.

Memorias Flotantes es una exposición colectiva que se inauguró el pasado jueves 8 de mayo en Mazatlan 150. Se trata de intervenir diferentes espacios de una casa abandonada y dialogar con las ausencias de los inquilinos originales a través de los objetos que dejaron. Cada uno de los 15 artistas participantes tomaron diferentes espacios y objetos para establecer este coloquio con los fantasmas. Las propuestas fueron del performance a la instalación pasando por muestras más o menos convencionales. Todas con puntos de vista muy diversos. 

Las que recuerdo con más nitidez son las de AryErembergMateo Pizarro y Juan Caloca




Ary Eremberg propone la video instalación – perdón si el gif se tarda en cargar. En un rincón oscuro de la casa, Ary pone a dialogar a dos huecos en la pared y se pregunta: qué pasaría si las paredes fueran líquidas, si debajo de la delgada capa de estuco hubiese un mar. Si cada hueco que va quedando en la pared fuera un cenote que permite la entrada, al menos para mirar, a ese trasmundo acuático. La obra de Ary me cautivó desde la primera hojeada. 



Mateo Pizarro, nos propone una serie de dibujos realistas hechos a lápiz. Los dibujos estaban perfectamente realizados. Pero, lo que llamó mi atención fue su fina ironía. Más allá de recrearse puramente en el dibujo Mateo lo usa para contar algo: un guiño a al espectador. No pude sino sonreír y devolver la mirada. 
















Juan Caloca propuso una instalación de los camisones colgando de las aspas en movimiento de tres ventiladores. Desde que entré, no pude dejar de mirar el vuelo de los saltos de cama, flotando en el aíre, como traídos de otra época. El juego entre las prendas nocturnas de colores cursis y líneas ñoñas, asociado a todas nuestras imágenes de fantasmas asustadores y vivos asustados en pijama, me hizo pensar en la dueña de aquellas prendas. Al principio, me resistí a invadir el espacio que ocupaban, temeroso de profanar su vuelo; cuando por fín me atreví, pude volar con ellas: todas las mujeres que esta obra convocó en mi imaginación desde la memoria. 

Como les decía: no creo en los fantasmas. Nunca he creído a pesar de los muchos que atesoro y de lo que me gusta convocarlos . Mis fantasmas no gritan al oído ni tienen la manía de echarte aliento gélido en la nuca. Mis fantasmas, como los de Memorias Flotantes, solo vienen a dialogar de lo que pudo haber sido.

lunes, 31 de mayo de 2010

Estado de secreto al descubierto





Por Isabel Ibáñez de la Calle
Mauricio Jiménez  



Desde 2008 comenzaron las celebraciones por el Bicentenario y Centenario de la Independencia y la Revolución respectivamente, con lo cual, para 2010 todos ya estamos un poco hartos. Varias veces he escuchado a muchas personas decir que no tenemos nada que festejar, y criticar la manera tan superficial en la que el gobierno trata este asunto: poco crítica y cero reflexiva.
     Tal opinión cobra aún más fuerza después de enfrentarme –y reírme– con la puesta en escena Estado de secreto de Rodolfo Usigli. Obra escrita hace 75 años por uno de los dramaturgos más importantes de las letras mexicanas. Esta comedia impolítica delata la realidad mexicana que se vivía en los años 30, y prevé la realidad mexicana que se viviría en años posteriores.
     En concreto, es una crítica al maximato de Plutarco Elías Calles; en general es un lamento –irónico y sarcástico– a una realidad política que devino después de 11 largos años de Revolución Mexicana. Una dictadura enmascarada en democracia liberal: cotos de poder, abusos, robos, corrupción, pactos con delincuentes, traficantes, acarreados, asesinatos y traiciones a un sistema que, al parecer, no ha terminado. Hoy más que nunca Usigli tiene razón. Porque supo observar como nadie una clase política deplorable y decadente, escondida tras discursos revolucionarios y libertarios; encubierta tras los supuestos intereses del pueblo; motivada por el dinero; establecida por y para amedrentar; enriquecida por la ignorancia. Una clase política que miente sin escrúpulos, que vela por intereses particulares, que roba y que traiciona sin reparo. Personas que hoy te darán la mano llena de billetes, mañana te quitarán la vida e impugnarán tu testamento.
     Cualquier parecido con la realidad NO es mera coincidencia.
     Pero si creemos que vamos a ver esto de forma dramática como un lamento, estamos equivocados. Usigli apela a la risa, a la sátira, para retratar una época, un momento, un país y un peligro.  

La obra en 2010
La puesta en escena, a cargo de la Compañía Nacional de Teatro y dirigida por Mauricio Jiménez, es casi impecable, un escenario dinámico pero a la vez sobrio. Un vestuario adecuado sin ser impresionante; y una cuidada dirección de actores.
     Con actuaciones experimentadas, especialmente la del actor principal Roberto Soto quien encarna a Poncho Suárez N, el político corrupto que “gana la batalla” para convertirse en el próximo presidente de México. Los demás personajes revelan individuos enredados en el sistema, beneficiándose de él, pero a la vez recelosos y amedrentados por los superiores. Pero más allá de todo esto, personas adoctrinadas, casi como en un estado fascista. Los actores encarnan muy bien sus papeles y transmiten toda la corruptela en medio de la risa y la diversión. Un reflejo de México, y a veces, de nosotros mismos, como mexicanos y como seres humanos.
     Para más detalles sobre actores y todos los que forman parte de la realización de esta obra recomiendo ingresar a la página Arte en la red 

Memoria política
La obra es pertinente en el marco de los festejos por el Bicentenario. Porque más que héroes a los que honrar, nos exhorta a recordar –y estar alerta– que México continua cargando todos los abusos del pasado priísta. Y generando nuevos abusos hoy. Esta representación nos abre los ojos hacia el conocimiento, la reflexión y la conciencia histórica. Ningún festín será suficiente si sólo pensamos en los 200 años anteriores y olvidamos los 200 años venideros. Sin borrar de la memoria los errores y aciertos que nos hacen estar aquí, en este lugar. Y los que harán que las nuevas generaciones puedan estar, al fin, en mejores lares.   



Verdaderos héroes patrios: los artistas
En contraposición, confieso pensar que sí hay muchas cosas que festejar: el arte y sus artistas. Si hay algo que México ha dado al mundo es placer estético y personas con sensibilidad. Debemos honrar a autores como Usigli. Esta obra es el único festejo del Bicentenario que, hasta ahora, ha valido la pena para mi.
      Por tanto, recomendamos asistir al teatro Julio Castillo a Estado de Secreto porque: la temporada termina el 18 de junio así que ya no queda mucho tiempo. La obra despertará en nosotros más de una carcajada.  
La recomendación es responsabilidad de Apague su TV; el juicio y las consecuencias son responsabilidad de usted.   

Guía Apague su TV
Dirección: Mauricio Jiménez
Descuentos y tarifas especialesconsultar bases
Más información: www.bellasartes.gob.mx

martes, 25 de mayo de 2010

Una mexicanísima versión de La Orestiada de Esquilo





Por Isabel Ibáñez de la Calle  

Cuando asistimos a una obra de teatro, debemos estar concientes de que nos enfrentamos a un acto único e irrepetible.  

Asistí este viernes a La Orestiada de Esquilo, en la Casa del Lago Juan José Arreola. Una adaptación de la clasiquísima obra del griego, a cargo del director Emmanuel Morales, a la realidad del narcotráfico mexicano, o al menos, a como nos imaginamos dicha realidad. La temporada terminó este fin de semana, así que más que recomendar restringiré este comentario a analizar como una muy buena iniciativa puede quedarse en la honorable medianía.  

Grandes ideas; actores pequeños
Plantear la guerra entre aqueos y troyanos como una disputa entre cárteles del narcotráfico, colocar las reflexiones del coro griego en una banda norteña, hacer una obra itinerante al aire libre alrededor de una mansión decimonónica es un gran hallazgo para la escena mexicana. Y por lo mismo, la obra impresiona desde el primer momento.
     Los actores interactúan con el público: la obra empieza con los asistentes fuera de las rejas de la casa custodiada por unos encapuchados, las imágenes son recreativas: comienzan a amedrentar al público antes de que altavoz cante la tercera llamada. La impresión de “¿qué va a pasar?” está presente. Las furias aparecen al fondo –desde donde se puede ver el lago de Chapultepec–, cuatro chicas vestidas como prostitutas caminan lento hacia el público. La escena es potente y plausible. Y entonces empieza la representación de la trilogía de Esquilo. En un primer momento nos ponen en situación con un proyector que refleja el intento de un noticiero donde explican la disputa entre cárteles. La credibilidad de ese punto en específico es nula y nos enfrentamos más ante un trabajo universitario que ante una puesta profesional, el video parece totalmente falso, no sólo por la imagen sino también por la actuación.
      Al entrar a la Casa del Lago, el público es dirigido hacia una fiesta, los asistentes se sientan alrededor de las mesas como convidados de la celebración. Clitemnestra, esposa de Agamenón y Egisto, amante de ella, matan al rey (en este caso el dirigente de un cártel). Los coros en cumbia o como corridos norteños son excepcionales. Pero las actuaciones dejan mucho que desear: Clitemnestra, encarnada por Rosita Pelayo, es la mejor sin ser excepcional. Los demás, pasan de patéticos a más o menos buenos. Los gemidos de Casandra, María del Carmen Félix, no dejaron entrever el poder de su texto. Y la pésima voz de Agamenón, Mario de Jesús, impedía la comprensión. El personaje de Electra, Paola Medina, resultó bastante estereotipado.  

Un personaje principal no puede fallar
La siguiente escena nos introduce al velorio de Agamenón, el público rodea el ataúd y la banda acompaña a los deudos en el duelo, donde Electra lleva la batuta. La actriz no refleja en absoluto el dolor que implica perder a un padre del cual se está casi enamorada. Al reconocer a Orestes, su hermano, Electra lo azuza a que mate a Egisto y a su madre, para vengar la muerte de su padre querido. Orestes, Ricardo Polanco, personaje principal y en quien recae todo el conflicto, mantiene una actuación tan deplorable que no transmite nada más que una serie de actos inconexos. Porque de pronto, sin más, mata a su madre, quien le implora que no lo haga, y quien predice el tormento de su hijo por asesinato. Otra vez, la actuación de Orestes falla, porque lo que impresionar las entrañas de cualquier ser humano, a saber, el parricidio, no nos conmueve nada.
     Al pasar a la tercera parte de la trilogía: el juicio de Orestes. El público se queda sobre el abismo, y si por casualidad alguien no conoce la obra de antemano, corre el riesgo de no enterarse de nada. Apolo, es el mismo actor que Agamenón, otra vez no se le entiende y tal situación puede confundir. Orestes es declarado inocente por los dioses.  





Un hallazgo con errores imperdonables
La sensación que deja esta puesta en escena es la de un globo que se va desinflando poco a poco. Es como si al cabo de un tiempo se les acabaran las fuerzas y las ganas a los actores y al director. Pareciera que los actores no terminaran de comprender, o al menos irradiar, el conflicto que implica la muerte, el asesinato, la culpa y las razones por las que es defendido Orestes por Apolo al final.  

El esfuerzo se premia
Sabemos el poco apoyo que tiene el teatro en México y sabemos que esta obra tuvo que pasar por mucho para poder realizarse. Una obra con bajo presupuesto, pero con personas con ganas de refrescar la escena mexicana. Así que, si todavía hubiera tiempo, valdría la pena, porque es un maravilloso experimento que puede llevarse a cabo de manera mejor.

lunes, 24 de mayo de 2010

Una mirada a través de Oleanna

Por: Isabel Ibáñez de la calle



La patética publicidad de la obra de teatro Oleanna de David Mamet (1947), dirigida en México por Enrique Singer con las actuaciones de Irene Azuela y Juan Manuel Bernal en el teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque, no refleja la profundidad de esta obra. 

Pero la obra merece la pena
A tres días de haber visto la función, mantengo la sensación de que se trata de un texto en el que el espectador puede hacer rápidas conclusiones sin tener la certeza de conocer la verdad: ¿qué quiere decir el autor?, ¿a quién critica realmente?
     Carol, una alumna universitaria, se acerca al despacho de John, su profesor, angustiada porque parece no ir bien en el curso. Ella pide ayuda y repite en ocasiones “no poder entender los conceptos de la clase”; John la interrumpe en repetidas ocasiones, predice sus palabras asumiendo que conoce sus sentimientos y pensamientos y, con cierta prepotencia, se ofrece a ayudarla. La conversación es interrumpida varias veces por el teléfono de John, gracias a estos telefonemas domésticos nos enteramos de que será ascendido y de que comprará una nueva casa. La conversación entre ambos prosigue y, cuando Carol está a punto contarle el más íntimo de sus secretos, suena de nuevo en teléfono, John se disculpa y se van. En los dos siguientes actos Carol cambiará el destino de su profesor para siempre. Y el de ella en consecuencia.  

El título es la clave
Más allá de dirección e interpretación, la obra deja mucho que pensar respecto a relaciones de poder y respecto de las consecuencias de nuestras acciones. Sin embargo, el conflicto radica en cómo pueden ser interpretados nuestros actos. Sin embargo, no se trata de un problema de comunicación sin más –como lo plantea el programa de la puesta en escena en México–, a mi parecer, va más por el lado de un problema de ideologías y emociones viscerales; de mirar la realidad a través de mi propio espejo como único catalizador, un espejo donde se reflejan las sombras de mis propios demonios y complejos. De una lucha por la libertad que culmina en aferramiento a la propia esclavitud. Una lucha universitaria que va por el lado del poder y no del diálogo. Parece que, quien tiene el poder, es más libre de hacer y deshacer, pensar y cambiar de opinión. Pero quizá después de la función, ya no estemos tan seguros. 
     La obra es una crítica también al feminismo hardcore, de hecho, en su presentación en EUA  algunas feministas se quejaron de que el autor plantea a la mujer como un ser manipulador, profundamente vulnerable y hasta irracional. A mi parecer, el autor no desea realizar un juicio absoluto sobre la condición femenina, sino invitar a la reflexión de la ideología ciega como un camino sin sentido. Lo cual, no quiere decir que nos enfrentemos ante un hombre arrastrado a la desgracia por el feminismo exacerbado de una mujer. En este caso –y gracias– no hay buenos ni malos. hay jerarquías de poder que nos hacen tomar una postura u otra y actuar en consecuencia. Por ello, alguna crítica más local apunta a que el autor pretende reflejar los vicios de las instituciones de educación superior en Estados Unidos. Y cómo la institución impide la buena comunicación entre sus partes.
     Un dato es seguro: el autor pone el dedo en la yaga sobre algunos factores de la sociedad norteamericana, pues el título, Oleanna, hace referencia a una canción tradicional noruega popularizada en Estados Unidos por el músico Pete Seeger, en la que se crítica a la “perfecta” sociedad norteamericana.  

Oleanna en México
Sorprendentemente, Juan Manuel Bernal tiene una actuación destacada: te introduce en el papel y el personaje evoluciona, se afecta, se enriquece. Por su parte Irene Azuela se encasilla en una especie de mujer obsesionada que repite su discurso, que tiene miedo, pero que es valiente por otro lado. Más que alguien conflictuado realmente, parece una loquita que va por el mundo destrozando la vida de otros. Sus líneas, especialmente al final, no se acoplan con la actuación plana que maneja en casi toda la obra. Y parece que el personaje es más rico de lo que ella lo encarna.  
Por lo demás, “Apaga tu TV” recomienda asistir a la obra porque:
La temporada está  por terminar en junio y porque no hay mejor “plan T” que ir al teatro.  
La recomendación es responsabilidad de Apague su TV; el juicio y las consecuencias son responsabilidad de usted.  
Para información sobre horarios y costos visita: http://www.conaculta.gob.mx/Cartelera


lunes, 14 de septiembre de 2009

Apocalypto

(desvela parte del argumento)

Aunque a esta altura esté ya un poco añejo este comentario, tengo que decir que ayer vi Apocalypto. A pesar de las malas referencias, sentí curiosidad por ver, aunque fuera una visión distorsionada, de las ciudades mayas y su civilización. Además quería oír como suena el maya, hablado y ver a estos pueblos en todo su esplendor.

Despues de verla puedo decir que la pelicula es un robo total.

En primer lugar, de ser realmente mayas, serían unos mayas muy tardios y muy influenciados por los mexicas, puesto que cuando llegarón los españoles los mayas,  hacía mucho tiempo que habían desaparecido como imperio.

Luego, de la ciudad maya y sus costumbres habrá como 10 minutos de cinta. El resto de la cinta es una persecución absurda llena de trampas y espectacularidades más propia de McGuiber o Solo en casa que de una película histórica.

Por último decir que ante todo es una delicia para los amantes de la casquería, porque Fiel a sus costumbres el señor Gibson no se ahorra ni una sola escena de sangre.

Resumiendo, lo que vi bien podría haber sido una película de guerra entre cualquier tribu paleolítica de zona selvática, y de lo esperado nada, de nada. Si esperan ver mayas, vayan a México, en la plaza del zócalo capitalino, encontrarán más que en esta película.

martes, 20 de enero de 2009

Un caso extraño, no tan extraño

El Curioso Caso de Benjamin Button
Dirigida por: David Fincher Con: Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Julia Ormond, Jason Flemyng Género: Drama Clasificación: (pendiente) | Formato: Flat País de Origen: Estados Unidos Idioma: Inglés Año: 200
Todos nos hemos preguntado alguna vez si las cosas podrían ser de otra manera. Si los hombres nacieran viejos y se hicieran niños con el paso de los años, el fenómeno no tendría nada extraordinario. Pero si un hombre nace de ochenta años y cuando tiene siete padece artritis severa mientras los demás están sanos y fuertes como robles, estamos ante lo que Borges llamaría un relato verdaderamente fantástico. De extra-ordinaria podemos calificar la película El extraño caso de Benjamin Buttom, dirigida por David Fincher y basada en el relato corto de F. Scott Fitzgerald. La ciudad de Nueva Orleans se viste de tormenta cuando una vieja le pide a su hija que le lea un diario poco común. Así comienza la narración de una de las mejores historias que Hollywood ha llevado a la pantalla grande en los últimos tiempos. Un niño nace en 1918 de 80 años, hasta morir siendo un pequeño bebé, su vida intermedia estará por descubrirse. Con grandes aciertos cinematográficos, el director conduce a saltos en el tiempo sin reparo, pero sin cabos sueltos. Con un dejo de largometrajes como Amelie, en algunos aspectos, este filme no subestima a su público, pero no se deslinda por completo del sentimentalismo que caracteriza las grandes producciones de la casa más famosa de cine a nivel mundial. La historia no contiene ninguna peripecia excepcional excepto la reflexión sobre el tiempo, la vejez y la condición humana. Una historia de amor simple, sirve como mero hilo conductor de la narración; y un fenómeno natural incidental, del que todos conocemos el desenlace, cierra la cinta de manera excepcional. Llena de detalles exquisitos, la película puede conquistar a los espectadores más exigentes que no la exentarán de críticas arduas. El extraño caso de Benjamin Buttom, no resulta un extraño motivo para que saltemos del sofá, apaguemos nuestra TV y corramos a la sala de cine más cercano… Isabel Ibáñez.

lunes, 6 de octubre de 2008

Viajes por el Scriptorium

Viajes por el Scriptorium Paul Auster Anagrama. Barcelona, 2007 185 págs Has comprado un boleto para viajar hacia el orificio de una habitación casi vacía, tu acceso es completamente panorámico. No se trata sólo de mirar, empiezas a internarte en los pensamientos y sensaciones de un viejo decrépito que se levanta de la cama sin saber dónde está, sin un solo recuerdo; no sientes lo que él, pero lo sabes, también sabes que alguien más observa, el cuarto está repleto de micrófonos y cámaras que capturarán cada respiro y cada lamento. Él mira la alcoba tan azorado como tú, la descubren al mismo tiempo. En el mismo instante leen los letreros que están en las cosas. Él siente culpa, tú sabes que se siente culpable, los dos quieren saber por qué y ambos, como si esperaran a Godot, aguardan «algo» en medio de una amnesia muy dolorosa. ¿Una consecuencia…? Paul Auster es, quizá y con razón, el autor norteamericano más emblemático de nuestros días. En su última novela nos entrega una partida de ajedrez, todos jugamos –o creemos jugar–, pero surge una pregunta que ilumina y oscurece todo el entorno: ¿Qué pasa con un autor de cuyo universo se han adueñado sus propias criaturas? Más aún: ¿Qué sucede con las consecuencias mismas de la ficción? Isabel Ibáñez Publicado en Istmo